Factores externos e internos que propician la vulnerabilidad de la víctima.

 

La victimología contemporánea ha demostrado que la condición de víctima no es el resultado de un azar absoluto, sino que responde a una compleja interacción de factores que predisponen a ciertas personas o grupos a sufrir daños por eventos delictivos. Estos elementos, denominados factores victimógenos, constituyen "todo aquello que favorece la victimización" (Rodríguez Manzanera, 2002, p. 118). Comprender su naturaleza y funcionamiento resulta esencial para desarrollar estrategias efectivas de prevención, pues permite identificar no solo las condiciones que hacen vulnerables a las personas, sino también los momentos y espacios en los que el riesgo se incrementa significativamente.


La tradición victimológica distingue fundamentalmente entre dos grandes categorías explicativas: los factores endógenos, que residen en la propia persona, y los factores exógenos, que se encuentran en su entorno. Esta distinción, aunque analítica, resulta útil para comprender que la vulnerabilidad no es un atributo unidimensional, sino el producto de la confluencia entre características individuales y condiciones contextuales. Como señalan Graciano y González, "el proceso de causa-factor victimógeno va a ser determinado por cuestiones ajenas al individuo, como el medio, pero que también el individuo, debido a su biología y psicología, hacen que sobre él se asiente un terreno fértil para ser victimizado" (2019, p. 122).



Los factores endógenos se subdividen, a su vez, en biológicos y psicológicos. Los primeros remiten a condiciones físicas del individuo que pueden limitar su capacidad de defensa o resistencia. Entre ellos destacan "el estado físico de la víctima, edad y sexo" (Graciano y González, 2019, p. 121). La edad constituye un factor particularmente relevante: los niños, por su debilidad e inexperiencia, y los ancianos, por su progresivo deterioro físico, conforman lo que la doctrina denomina víctimas socialmente débiles. Ramírez (1983), citado por Graciano y González (2019, p.122), establece un símil entre la relación entre víctima y victimario con la relación existente  en la vida salvaje entre presa y depredador, en ese sentido propone que las personas, según su grado de debilidad, son más propensas a ser víctimas de delitos.


La dimensión psicológica de los factores endógenos resulta igualmente determinante. Ciertas disposiciones anímicas o rasgos de personalidad pueden incrementar la exposición al riesgo victimizante. Según lo establecen Márquez y Salinas (2019, p.83) Von Hentig identificó una serie de "tipos psicológicos" particularmente vulnerables, entre los que destacan "el deprimido, en el cual está abatido el instinto de conservación, por lo que se pone en constante peligro; el ambicioso, cuyo deseo de lucro y avaricia lo hacen fácilmente victimizable; el lascivo, aplicado generalmente a mujeres víctimas de delitos sexuales que han provocado suicidio". A estos se suman "el solitario y acongojado, que bajan sus defensas en busca de compañía y consuelo; el atormentador, quien ha martirizado a otros hasta provocar su victimización; y el bloqueado, el excluido, el agresivo, que, por su imposibilidad de defensa, su marginación o su provocación, son fáciles" (Márquez y Salinas, 2019, p. 83). Esta tipología demuestra que la vulnerabilidad no es meramente física, sino que se ancla en procesos psíquicos profundos que configuran una predisposición a ser víctimas.


Un aporte central de Von Hentig es la noción de precipitación victimal (Vallejo, 2022, p.137), conceptualizada formalmente por Marvin Wolfgang en su estudio seminal sobre homicidios en Filadelfia, en el que vislumbró cómo ciertos comportamientos individuales pueden desencadenar dinámicas violentas (Varona et al., s.f., p.49). Al analizar una muestra de homicidios Wolfgang concluyó que en una cuarta parte de los casos las víctimas fueron quienes iniciaron la agresión física en el desarrollo de la acción homicida de la cual fueron objeto.


La interacción entre factores endógenos y exógenos resulta particularmente evidente en situaciones de violencia recurrente o relaciones asimétricas de poder. Los aportes de Wolfgang permitieron concluir que hay una alta importancia en la relación interpersonal entre la víctima y el victimario, sobre este respecto encontró que la existencia de relaciones interpersonales previas era un elemento existente en el 65% de los casos analizados en un estudio de 550 homicidios (Salfati, 1998, p.231, traducción propia). Esta acumulación de violencia previa transforma la naturaleza del riesgo y evidencia la necesidad de abordar la vulnerabilidad desde una perspectiva dinámica y relacional.


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El estudio de los factores endógenos es fundamental para superar una visión simplista de la víctima como un ente meramente pasivo. La victimología contemporánea, heredera de los planteamientos de Von Hentig, nos obliga a reconocer que la vulnerabilidad no es un concepto abstracto, sino que se encarna en dimensiones biológicas y psicológicas concretas. Ignorar que el estado físico, la edad o el sexo de una persona pueden constituir limitaciones objetivas para su defensa sería negar una realidad empírica. La categoría de "víctimas socialmente débiles" (niños y ancianos) no es un estigma, sino un reconocimiento de una mayor exposición al riesgo que demanda políticas de prevención específicas y diferenciadas.


Más allá de lo puramente físico, la tipología psicológica desarrollada por Von Hentig revolucionó nuestra comprensión del fenómeno, al demostrar que ciertas disposiciones anímicas y rasgos de personalidad actúan como auténticos factores de riesgo. La persona deprimida, con su instinto de conservación mermado, o el ambicioso, cegado por la avaricia, no son responsables del delito que sufren, pero su perfil psicológico forma parte ineludible de la ecuación criminal. Comprender esto es crucial para la práctica criminológica, ya que nos aleja de explicaciones unidireccionales y nos sitúa ante una interacción compleja. No se trata de culpar a la víctima, sino de entender que su configuración psíquica puede, en determinados contextos, actuar como un imán para el depredador, tal como sugiere el símil ecológico de la presa y el depredador.


Por su parte, el concepto de precipitación victimal, validado por los estudios empíricos de Wolfgang, subraya la naturaleza dinámica y relacional de la violencia. Al constatar que en un porcentaje significativo de homicidios la víctima fue quien inició la agresión, o que en la mayoría de los casos existía una relación interpersonal previa, se evidencia que la génesis del delito no puede explicarse exclusivamente por la voluntad del victimario. La interacción entre factores endógenos y exógenos, especialmente en contextos de violencia recurrente, dibuja un escenario de co-producción del conflicto. Por ello, una intervención eficaz no puede limitarse a sancionar al delincuente, sino que debe abordar las dinámicas relacionales y los factores de vulnerabilidad individual que, en su conjunto, configuran el escenario victimizante.


Pasando a los factores exógenos, estos remiten a condiciones del entorno que escapan al control inmediato del individuo pero que configuran el escenario donde la victimización puede ocurrir. Según Rodríguez Manzanera, los factores exógenos incluyen elementos "espaciales, temporales y sociales" (2002, p.122). Los primeros aluden a condiciones físicas de los sitios que pueden promover o desincentivar la victimización; los temporales, a los horarios en los que hay mayor riesgo de convertirse en víctima; y los sociales, a las circunstancias económicas, demográficas y culturales de un espacio determinado (León y Reyes, 1998, citado en Graciano y González, 2019, p. 123-124). Esta tripartición resulta fundamental para el diseño de políticas públicas focalizadas en la prevención situacional.


Dentro de los factores exógenos adquieren especial relevancia los denominados "factores sociales", que remiten a condiciones estructurales de vulnerabilidad. La marginación, la discriminación y la pobreza constituyen poderosos determinantes de la victimización, particularmente cuando afectan a grupos históricamente desfavorecidos. Como señalan Graciano y González, "las víctimas sociales son lo que se puede llamar grupos vulnerables, que son grupos específicos en la sociedad que por su minoría son víctimas de la misma sociedad" (2019, p. 129). Esta vulnerabilidad social se manifiesta en fenómenos como la discriminación racial, la xenofobia o la exclusión de minorías étnicas, que operan como auténticos factores victimógenos al legitimar socialmente el maltrato hacia ciertos colectivos.


La investigación contemporánea ha profundizado en la comprensión de cómo las condiciones estructurales interactúan con las características individuales para producir patrones diferenciados de victimización. La investigación de Salfati (1998) ha arrojado otro elemento de importancia que es la diferenciación en las circunstancias victimológicas en que ocurren los delitos cometidos por victimarios de distinto sexo. Por ejemplo, se ha encontrado que, pese a que en el caso de los homicidios cometidos por hombres y mujeres se cometen muchas de las mismas acciones, se realizan en diferentes proporciones y difieren en los elementos instrumentales y expresivos en el escenario del delito.



La relevancia práctica del estudio de estos factores radica en su capacidad para informar políticas públicas de prevención efectivas. Como señalan Graciano y González, "el gobierno debe trazar mapas de los puntos rojos o más peligrosos y no salir con el típico discurso de aquí no pasa nada, que solo crea el espejismo de que todo está bien, que solo causa que el mismo gobierno conduzca al gobernado a su propia victimización" (2019, p.124). Esta cartografía del riesgo, basada en la identificación de factores espaciales y temporales, constituye una herramienta indispensable para la prevención situacional y la asignación eficiente de recursos de seguridad.


Desde una perspectiva criminológica, comprender los factores exógenos resulta tan crucial como analizar las características individuales de la víctima, pues estos factores constituyen el escenario material y social donde la violencia se despliega. La tripartición propuesta por Rodríguez Manzanera —factores espaciales, temporales y sociales— nos ofrece una hoja de ruta para entender que el delito no ocurre en el vacío, sino que es producto de una ecología del riesgo. Las condiciones físicas de un lugar, como el alumbrado deficiente o la falta de vigilancia natural, junto con los horarios de mayor exposición, como la nocturnidad en zonas despobladas, son variables que la criminología ambiental lleva décadas estudiando para diseñar estrategias de prevención situacional. Ignorar estos elementos equivaldría a pretender combatir una epidemia sin cartografiar los focos de contagio.


Ahora bien, sería un error reducir lo exógeno a meras cuestiones de infraestructura o reloj. Los factores sociales, entendidos como condiciones estructurales de vulnerabilidad —la pobreza, la marginación, la discriminación racial o la xenofobia—, operan como auténticos mecanismos de selección de víctimas. Cuando Graciano y González hablan de "grupos vulnerables" no se refieren a una debilidad inherente a esos colectivos, sino a cómo la propia sociedad, mediante dinámicas de exclusión y estigmatización, coloca a ciertas personas en una posición de mayor riesgo. La evidencia criminológica es contundente: ser parte de una minoría étnica, vivir en un contexto de pobreza extrema o sufrir discriminación sistemática no son simples circunstancias desafortunadas, sino factores victimógenos que operan de manera independiente a la voluntad del individuo. La investigación de Salfati, al revelar que incluso en delitos tan graves como el homicidio existen patrones diferenciados según el sexo del victimario, nos recuerda que estas variables estructurales también interactúan con las dinámicas de género, produciendo escenarios delictivos cualitativamente distintos.


La relevancia pragmática del estudio de los factores exógenos radica en su capacidad para fundamentar políticas públicas basadas en evidencia. La propuesta de elaborar mapas de "puntos rojos" no es una mera sugerencia técnica, sino un imperativo ético para cualquier gobierno que pretenda garantizar la seguridad de la ciudadanía. Ocultar la realidad mediante discursos complacientes no solo es una forma de negligencia administrativa, sino que, como advierten los autores citados, termina por conducir al gobernado a su propia victimización. La prevención eficaz exige intervenir sobre el entorno: mejorar el espacio público, regular horarios de actividad comercial en zonas conflictivas y, sobre todo, implementar políticas sociales que reduzcan la desigualdad estructural. En síntesis, abordar los factores exógenos significa asumir que la seguridad no es solo un problema de policías y delincuentes, sino una cuestión de diseño urbano, justicia social y voluntad política para transformar las condiciones que hacen posible el delito.


Finalmente, es preciso insistir en que la identificación de factores victimógenos no debe conducir a una visión determinista ni culpabilizadora. La clave está en comprender que el surgimiento de conceptos novedosos, como la precipitación victimal, es importante desde un punto de vista etiológico porque ayuda a considerar una multiplicidad de elementos que interactúan en la ocurrencia del delito y que si no son tomados en cuenta los esfuerzos por prevenirlo quedan en vano. Solo desde esta comprensión integral será posible diseñar estrategias que, en lugar de culpabilizar a las víctimas, aborden las condiciones que las hacen vulnerables y promuevan entornos más seguros para todos.


Referencias


Graciano, L. & González, A. (2019). La urgente y necesaria intervención del Estado en la prevención victimal. En Aquino Bustos, F. J., Cáceres Vázquez, M., & Arcos Martínez J. P. (Coords.), La cultura de la prevención victimal: una alternativa no violenta para afrontar la violencia (pp. 119-131). Colofón: Universidad Autónoma de Tamaulipas. https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=495515


Marquez, M. G., & Salinas, C.E. (2019). Cultura sobre prevención victimal en alumnos de la Universidad Autónoma de Aguascalientes en 2016, un estudio observacional . En Aquino Bustos, F. J., Cáceres Vázquez, M., & Arcos Martínez J. P. (Coords.), La cultura de la prevención victimal: una alternativa no violenta para afrontar la violencia (pp. 79-104). Colofón: Universidad Autónoma de Tamaulipas. https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=495515

 

Rodríguez Manzanera, L. (2002). Victimología: Estudio de la víctima. Argentina: Porrúa. https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/55854406/kupdf.com_151594059-victimologia-luis-rodriguez-manzanera-libre.pdf?1519152610=&response-content-disposition=inline%3B+filename%3DLUIS_RODRIGUEZ_MANZANERA.pdf&Expires=1771263279&Signature=ZMLAeemFSWCulkQ-9TgyS0-s-ZKrdBIX4QkayEBiwQg8K4vP~zSgQ5TLlOa1CvtcQeqd8Fay4SIdE3hl4Gq2mhmtS2AbmfyuHw3c7ePyhHN6xHjtMEOUaEd0dwXwZuWOb9JCCSj7K8ayLjxyMnVIRIm0oVvdN2P6h6azKFlxzxtNKmoAA80gDsRMtJe1kOC9V1aUtJw86m2-Db3-hYGijs1vby9-XstNMj9SjcqOe-0DqrCW7nYNyvwY9i58y2EzPi6mLDrsLvXFE1RgXGPRKXyK5OBlcNgaDIrAtcorVpDVTfrIvjwirh80uEzVJVOANFNKyjZc8bcW6caIcqlWBQ__&Key-Pair-Id=APKAJLOHF5GGSLRBV4ZA

 

Salfati, C. G. (1998). Homicide: a behavioural analysis of crime scene actions and associated offender characteristics. [Tesis de Doctorado: Universidad de Liverpool]. https://livrepository.liverpool.ac.uk/3175956/1/DX203178.pdf

 

Vallejo, N. (2022). Violencia intrafamiliar y de género frente a la victimización y su prelación victimal. Ensayos Penales, 13, 125-140. https://www.cortenacional.gob.ec/cnj/images/pdf/revistas_penales/Ensayos13.pdf#page=125


Varona, G., De la Cuesta, J. L., Mayordomo, V., & Pérez, A. I. (s.f.). Victimología: un acercamiento a través de sus conceptos fundamentales como herramientas de comprensión e intervención. https://www.researchgate.net/profile/Gema-

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