La evolución del pensamiento victimológico: las clasificaciones doctrinales de Mendelsohn, Von Hentig y Wolfgang.


La victimología, como disciplina científica, emergió a mediados del siglo XX con el propósito de estudiar a la víctima no como un sujeto pasivo y estático, sino como un elemento dinámico en la comprensión del fenómeno criminal. Esta ciencia, tal como lo señalan Camacho y Gómez, "coadyuva a prevenir futuros delitos, atendiendo y acompañando a la víctima a través de procesos de investigación y de procesos penales o legales dependiendo de cada agresión" (2019, p. 63). En este esfuerzo por comprender la complejidad de la victimización, tres autores sentaron las bases teóricas fundamentales: Benjamin Mendelsohn, Hans Von Hentig y Marvin Wolfgang, cuyas clasificaciones doctrinarias revolucionaron la forma de concebir a la víctima dentro del binomio criminal.




Benjamin Mendelsohn es reconocido como el padre de la victimología pues “aunque varios autores se habían ocupado del tema, el primer estudio sistematizado de las víctimas se debe al profesor israelí, que se ocupa del tema desde 1937” (Rodríguez Manzanera, 2002, p.16). Mendelsohn desarrolló una tipología innovadora que por primera vez otorgaba a la víctima un papel protagónico en la génesis del delito. Su clasificación proponía cinco categorías que determinaban el grado de culpabilidad de la víctima en el hecho delictivo. El autor distinguió entre "la víctima totalmente inocente o víctima ideal", aquella que nada ha aportado para desencadenar la situación criminal; la "víctima de culpabilidad menor o víctima por ignorancia", que por desconocimiento contribuye involuntariamente a su propia victimización; y la "víctima tan culpable como el infractor o víctima voluntaria", como en los casos de suicidio o eutanasia (Camacho y Gómez., 2019, p. 66). Complementan esta clasificación "la víctima más culpable que el infractor", que provoca activamente la infracción, y "la víctima más culpable o víctima únicamente culpable", que incluye a quienes simulan ser víctimas o acusan imaginariamente. Esta gradación de la responsabilidad victimal abrió un debate fundamental sobre la interacción previa al hecho delictivo.


La propuesta de Mendelsohn resulta particularmente relevante por su enfoque en la relación dialéctica entre víctima y victimario, a la que denominó "pareja penal". Este concepto sugiere que el delito no debe entenderse como un acto unidireccional, sino como el resultado de una interacción compleja donde ambas partes contribuyen, en mayor o menor medida, al resultado final. Como bien señalan Camacho y Gómez, esta denominación creado por Mendelsohn provocó "que estos actores definieran una nueva configuración del delito y se habló de la víctima como un ente dinámico, capaz de influir en la configuración del hecho delictivo" (2019, p. 64). Esta perspectiva resultó revolucionaria en su época, ya que desplazaba el foco exclusivo en el delincuente para incluir a la víctima como variable explicativa fundamental en la etiología del crimen.


La principal revolución que introdujo Mendelsohn en el pensamiento criminológico fue romper con la visión unidireccional y estática del delito, que hasta entonces solía colocar al infractor como el único foco de estudio y responsabilidad. Al proponer una tipología que gradúa la culpabilidad de la víctima, Mendelsohn no solo la rescató del olvido académico, sino que la situó como un agente activo y dinámico en la génesis del hecho criminal. Su clasificación, que va desde la víctima completamente inocente hasta la exclusivamente culpable, demostró que la relación víctima-victimario es un continuo de interacciones previas. Este enfoque obligó a los criminólogos a preguntarse sobre quién cometió el delito, sino también sobre cómo se desarrolló la situación que lo permitió, abriendo un campo de estudio fundamental para entender la prevención situacional y la dinámica interpersonal del crimen.


Además, el concepto de la "pareja penal" resulta ser una de sus herencias más perdurables y profundas. Al acuñar este término, Mendelsohn transformó la comprensión del delito de un mero acto legal en un fenómeno relacional y complejo. Esta perspectiva dialéctica implica que la conducta delictiva es, en muchos casos, el producto de una interacción, a veces inconsciente, entre dos partes que se influyen mutuamente. Este cambio de paradigma tuvo implicaciones prácticas notables, no solo para la atribución de responsabilidades en el ámbito jurídico, sino también para el desarrollo de políticas de asistencia a la víctima y de estrategias de prevención. En definitiva, Mendelsohn sentó las bases para una victimología científica que reconoce a la víctima como un elemento clave en el ecosistema del crimen, enriqueciendo así el análisis criminológico con una visión más integral y humana de la conflictividad social.


Paralelamente, el criminólogo alemán Hans Von Hentig aportó una perspectiva complementaria al centrarse en las características y predisposiciones que hacen a ciertas personas más propensas a ser victimizadas. Según lo afirman Marquez y Salinas (2019, p.83), en su obra del año 1948 denominada "The Criminal and his Victim", Von Hentig propuso una clasificación que se aparta de criterios meramente legales para adentrarse en factores sociológicos y psicológicos. Von Hentig categorizó cinco "clases generales" que incluyen "los niños o adolescentes que se destacan por una debilidad física, poca madurez, inexperiencia"; "las mujeres" consideradas como grupo vulnerable; "las personas de la tercera edad"; "las personas que sufren de alguna capacidad diferente, enfermos o débiles mentales"; y "las personas que son de origen migratorio o extranjero". Esta aproximación reconoce que la vulnerabilidad no es uniforme, sino que responde a condiciones estructurales que determinan la exposición al riesgo.


La clasificación de Von Hentig se enriquece con su propuesta de tipos psicológicos, donde aborda dimensiones subjetivas que incrementan la predisposición victimal. Según lo afirman Camacho y Gómez (2019, p.69) Von Hentig en su tipología identificó a "la persona que pasa por un estado de depresión", cuyo instinto de conservación disminuye; "los sujetos que suelen ser ambiciosos", victimizables por su afán de lucro; "las personas lascivas", propensas a sufrir delitos sexuales; "los solitarios y acongojados", que bajan sus defensas en busca de compañía; "el atormentador", que provoca su propia victimización; y "los que se encuentran en estado de bloqueo, los excluidos o agresivos". Esta taxonomía psicológica resulta particularmente relevante para entender que la victimización no responde únicamente a factores externos, sino también a disposiciones internas que, en interacción con el entorno, pueden desencadenar procesos victimógenos.



La vigencia de las categorías de Von Hentig se manifiesta en su capacidad para identificar lo que la victimología contemporánea denomina "factores de riesgo". El autor anticipó conceptos que hoy resultan fundamentales para el diseño de políticas de prevención, tales como la vulnerabilidad etaria, la debilidad física o mental, y la marginalidad social. En este sentido, resulta esclarecedora la distinción que realiza Rodríguez Manzanera (2002, p.118) sobre los factores victimógenos, quien señala que "factor victimógeno es todo aquello que favorece la victimización". Esta comprensión permite abordar la prevención no desde la culpabilización de la víctima, sino desde la identificación de condiciones que, al ser modificadas o atendidas, pueden reducir significativamente las probabilidades de que una persona se convierta en víctima.


La contribución de Hans Von Hentig a la criminología y la victimología representa un hito fundamental en la comprensión del fenómeno criminal, al desplazar el foco de atención exclusivo en el delincuente hacia la figura de la víctima como elemento activo en la dinámica delictiva. Su principal aporte radica en haber demostrado que la condición de víctima no responde al azar ni a la mera coincidencia, sino que existen factores sociológicos y psicológicos que generan una mayor predisposición a ser victimizado. Al categorizar grupos vulnerables como niños, mujeres, ancianos, personas con discapacidades o migrantes, Von Hentig sentó las bases para entender que la vulnerabilidad es un constructo social determinado por condiciones estructurales de desigualdad, debilidad o marginación. Esta perspectiva resultó revolucionaria porque permitió superar la visión legalista y estática de la víctima, reconociéndola como un sujeto situado en un contexto que puede potenciar su exposición al riesgo.


La dimensión psicológica de su tipología resulta igualmente trascendental para el desarrollo de la victimología moderna, ya que introduce la noción de que ciertos estados emocionales y rasgos de personalidad pueden actuar como facilitadores de la victimización. Al identificar perfiles como personas deprimidas, ambiciosas, solitarias o con tendencias autodestructivas, Von Hentig anticipó el concepto contemporáneo de factores de riesgo victimógeno, entendidos no como causas de culpabilidad de la víctima, sino como condiciones que, en interacción con un entorno criminógeno, incrementan la probabilidad de sufrir un delito. Esta aproximación ha resultado esencial para el diseño de políticas públicas de prevención, pues permite intervenir sobre dichos factores sin caer en la estigmatización o la revictimización. En definitiva, el legado de Von Hentig continúa vigente en la medida en que su obra sentó las bases para una criminología más humana y compleja, capaz de abordar la prevención del delito desde el reconocimiento de las múltiples dimensiones que configuran la experiencia victimal.


Marvin Wolfgang, por su parte, introdujo en 1958 un concepto revolucionario gracias a un estudio sobre las víctimas de homicidio “en donde él identificó la precipitación de la victimización y dio importancia al rol de la víctima en la interacción desde la víctima y el victimario.” (Guerra, 2015, p.111). Según la investigación de Wolfgang, se trataba de aquellos casos en los que la víctima fue la primera en “exhibir y usar un arma letal o golpear” (Varona et al., s.f., p.49), en este caso se encontró que esas circunstancias ocurrieron en el 26% de los casos estudiados. Este hallazgo desafió la concepción tradicional de la víctima como ente completamente pasivo y evidenció la naturaleza interactiva de la violencia letal. La obra de Wolfgang y Von Hentig sentaron las bases para comprender que "muchas de las víctimas del crimen contribuyen a su propia victimización, ya sea por incitar o provocar a los criminales o creando o fomentando una situación propicia que pueda dar lugar a la comisión del delito" (Camacho y Gómez, 2019, p. 64).



La contribución de Wolfgang resulta especialmente significativa por su metodología empírica y su aplicación al estudio de la violencia urbana. Su análisis de “588 homicidios estudiados en Filadelfia entre 1948 y 1952” (Varona et al., s.f., p.49) demostró que aproximadamente una cuarta parte de los casos podían clasificarse como precipitados por la víctima. Este hallazgo no solo validó estadísticamente las intuiciones de Mendelsohn y Von Hentig, sino que además proporcionó herramientas metodológicas para futuras investigaciones.


La vigencia de estas clasificaciones doctrinarias se manifiesta en su capacidad para informar políticas públicas de prevención victimal en la actualidad. Como bien señalan Aquino Bustos et al. "la prevención victimal significa la adopción de medidas de seguridad -algunas de ellas costosas e inaccesibles para la población en general- que permitan disminuir la posibilidad de ser víctimas de un delito, pero también representa una nueva visión de la realidad que nos lleva a adoptar el hábito de la planeación de medidas de autoprotección" (2019, p. 55). Las tipologías de Mendelsohn, Von Hentig y Wolfgang nos recuerdan que la prevención efectiva debe considerar no solo las características del delincuente, sino también los factores de vulnerabilidad, los contextos situacionales y las dinámicas interaccionales que pueden desencadenar eventos violentos.


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Finalmente, es importante destacar que estas clasificaciones no pretenden culpabilizar a la víctima ni justificar al victimario, sino comprender la complejidad del fenómeno criminal para diseñar estrategias preventivas más efectivas. Como advierten Graciano y González, "la prevención tradicional apunta directamente a la represión del delincuente, dejando en segundo plano a la víctima, sin considerar que del estudio de su comportamiento se puede llegar a comprender el por qué fue o es victimizada" (2019, p. 124). La victimología contemporánea, heredera de estos pioneros, se constituye así en una herramienta fundamental para construir sociedades más seguras, donde la protección de las potenciales víctimas sea tan importante como la persecución de los delincuentes, constituyéndose ambas en pilares fundamentales para el diseño de estrategias integrales de seguridad ciudadana.

 

 

Referencias Bibliográficas


Aquino Bustos, F. J., Cáceres, M. & Arcos, J. P. (2019). Prevención victimal en el ámbito educativo. En Aquino Bustos, F. J., Cáceres Vázquez, M., & Arcos Martínez J. P. (Coords.), La cultura de la prevención victimal: una alternativa no violenta para afrontar la violencia (pp. 55-62). Colofón: Universidad Autónoma de Tamaulipas. https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=495515


Camacho, M., & Gómez, A. (2019). Prevención victimal en el ámbito universitario: estudio de caso en la Universidad Autónoma de Chiapas. En Aquino Bustos, F. J., Cáceres Vázquez, M., & Arcos Martínez J. P. (Coords.), La cultura de la prevención victimal: una alternativa no violenta para afrontar la violencia (pp. 63-77). Colofón: Universidad Autónoma de Tamaulipas. https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=495515


Graciano, L. & González, A. (2019). La urgente y necesaria intervención del Estado en la prevención victimal. En Aquino Bustos, F. J., Cáceres Vázquez, M., & Arcos Martínez J. P. (Coords.), La cultura de la prevención victimal: una alternativa no violenta para afrontar la violencia (pp. 119-131). Colofón: Universidad Autónoma de Tamaulipas. https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=495515


Guerra, M. P. (2015). La historia de la victimología. Ciencias Sociales, 37, 110-117. https://revistadigital.uce.edu.ec/index.php/CSOCIALES/article/download/6424/7783


Marquez, M. G., & Salinas, C.E. (2019). Cultura sobre prevención victimal en alumnos de la Universidad Autónoma de Aguascalientes en 2016, un estudio observacional . En Aquino Bustos, F. J., Cáceres Vázquez, M., & Arcos Martínez J. P. (Coords.), La cultura de la prevención victimal: una alternativa no violenta para afrontar la violencia (pp. 79-104). Colofón: Universidad Autónoma de Tamaulipas. https://aprende.uned.ac.cr/mod/resource/view.php?id=495515


Rodríguez Manzanera, L. (2002). Victimología: Estudio de la víctima. Argentina: Porrúa. https://d1wqtxts1xzle7.cloudfront.net/55854406/kupdf.com_151594059-victimologia-luis-rodriguez-manzanera-libre.pdf?1519152610=&response-content-disposition=inline%3B+filename%3DLUIS_RODRIGUEZ_MANZANERA.pdf&Expires=1771263279&Signature=ZMLAeemFSWCulkQ-9TgyS0-s-ZKrdBIX4QkayEBiwQg8K4vP~zSgQ5TLlOa1CvtcQeqd8Fay4SIdE3hl4Gq2mhmtS2AbmfyuHw3c7ePyhHN6xHjtMEOUaEd0dwXwZuWOb9JCCSj7K8ayLjxyMnVIRIm0oVvdN2P6h6azKFlxzxtNKmoAA80gDsRMtJe1kOC9V1aUtJw86m2-Db3-hYGijs1vby9-XstNMj9SjcqOe-0DqrCW7nYNyvwY9i58y2EzPi6mLDrsLvXFE1RgXGPRKXyK5OBlcNgaDIrAtcorVpDVTfrIvjwirh80uEzVJVOANFNKyjZc8bcW6caIcqlWBQ__&Key-Pair-Id=APKAJLOHF5GGSLRBV4ZA


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